¿QUÉ TIENEN EN COMÚN PSICOLOGÍA, NEUROCIENCIA Y BUDISMO?

Va el Dalai Lama, con un neurocientífico, un astrofísico, un psicólogo, un físico y un biólogo…Parece el inicio de un chiste, pero no, es el resumen escueto del contenido de un interesante documental: “The Dalai Lama Scientist”, estrenado el 31 de agosto de 2019, durante el 76º Festival Internacional de Cine de Venecia.

En él se narra el interés del Dalai Lama por la ciencia y la tecnología desde que era un niño (él mismo de define como “mitad monje budista, mitad científico”) y como desde el exilio en su residencia en Dharamsala y a través de sus viajes por el mundo comenzó a conocer a científicos de todas las nacionalidades y a promover encuentros periódicos donde se hablaba de ciencia, tecnología y de budismo.

 

En estos encuentros se habló fundamentalmente en torno a cinco bloques de la ciencia: Cosmología, Física Cuántica, Psicología, Neurociencia, Biología y Genética.

En sus reuniones con los científicos más prestigiosos del mundo, el Dalai Lama dialogaba sobre física cuántica, cosmología, filosofía de la ciencia, psicología cognitiva, neurociencia, biología molecular, genética… Le contaban sobre los últimos avances y descubrimientos en estas áreas, y su santidad los ponía en relación con las enseñanzas de la filosofía y ciencia budistas.

¿Cuáles son los puntos de conexión? Aquí va un resumen de lo que se cuenta en el documental.

COSMOLOGÍA: UNIVERSOS QUE NACEN Y MUEREN

 

Del astrofísico George Greenstein el Dalai Lama aprendió las teorías sobre el origen del Universo. ¿Qué hubo antes del Big Bang? ¿Qué fue exactamente la creación? Pues aún no lo sabemos.

El Universo se expande y puede que lo haga hasta volver poco a poco a contraerse, y así comenzar de nuevo una y otra vez. Según el budismo, nuestro universo es una serie repetida de creaciones y disoluciones de universos. 

Ninguna de las teorías que manejan los astrofísicos pueden explicar el origen de la materia desde un volumen “cero” de espacio, ni la infinita energía que provee a la materia existente. Lo que parece muy probable es que haya más universos paralelos, tal y como el budismo plantea desde hace miles de años.

FÍSICA CUÁNTICA: NADA EXISTE OBJETIVAMENTE

 

Aunque no lo parezca, la física cuántica y la filosofía budista tienen muchas cosas en común: 

“Nada existe objetivamente”

Es uno de los principios de la escuela filosófica Madhyamaka. El mismo Buda decía que las cosas no existen en la forma que tendemos a creer. No existen como se nos representan. Y esto es lo que la física cuántica está descubriendo: cuanto más se profundiza en la estructura básica de la materia menos se encuentra. No hay nada que soporte la realidad objetiva del mundo material.

Con el físico Anton Zeilinger el Dalai aprende sobre los fotones y su especial comportamiento: sólo se comportan como partículas cuando son observados. Cuando no son observados, los fotones se comportan como ondas.Por tanto, el observador tiene una fuerte influencia en la naturaleza del suceso. Incluso algunos científicos dicen que lo que se observa en el “suceso cuántico” individual es un acto espontáneo de creación.

En cuanto a la física cuántica de partículas, que explica la relación entre dos o más de ellas, se ha podido constatar que por mucha distancia que haya entre estas, permanecen en un único sistema, nunca están realmente separadas.

En su conversación con Steven Chu, premio Nobel de Física, el Dalai conversó sobre la naturaleza de la materia y de la vida. Los electrones, por ejemplo, son tan pequeños que no tienen tamaño, actúan sólo como un “punto”. Entonces, si son inexistentes desde el punto de vista de la masa, ¿cómo se ven? Tan solo se pueden observar en interacción con otras partículas, es entonces cuando adquieren masa.

El Dalai expone ante estos descubrimientos, su relación con el Buda Dharma y una de las enseñanzas esenciales del budismo: las dos verdades. Esto consiste en los dos niveles de realidad que explicaba Buda: uno es el último nivel de realidad, el vacío, donde nada puede ser encontrado. El otro nivel de realidad es el convencional, donde existen las causas y los efectos y donde todo funciona “aparentemente” en un orden.

Este principio y esta habilidad para distinguir entre las dos verdades y entender la realidad en esta dualidad es una de las enseñanzas básicas del budismo, sin la cual no se puede entender el resto de sus enseñanzas.

PSICOLOGÍA: EL PODER DE LAS EMOCIONES

 

Aaron Beck, el padre de la Terapia Conductual Cognitiva, fue uno de los asiduos de las reuniones de Dharamsala. Beck y el Dalai Lama dialogaron sobre las ilusiones cognitivas, que determinan en un 90% nuestras percepciones negativas de las situaciones y de las personas. De alguna manera, el odio está basado en una ilusión. La falta de perspectiva más allá de las ilusiones cognitivas, es, según Beck, una de las mayores causas de infelicidad. La meditación analítica o “discernimiento” que practica el budismo tiene la finalidad de conocer la “esencia” de las situaciones, y así, evitar el dolor de las “ilusiones”.

Con Daniel Goleman y Paul Ekman, su santidad profundizó en los estudios sobre las emociones. Ekman, considerado uno de los psicólogos más destacados del siglo XX, es pionero en el estudio y análisis de la expresión facial de las emociones a través de las diferentes culturas.

Para Ekman, las emociones nos dotan de la energía “rápida” y necesaria que nos permite actuar. Pero esta energía, a la vez, nos “esclaviza”, ya que limita durante un tiempo determinado nuestra capacidad de interpretación de la información. Es lo que se conoce como “período refractario”, durante el cual la información que recibimos del exterior y de nuestro interior está totalmente controlada por la energía emocional, y por tanto su interpretación es sesgada. 

¿Se podría distinguir entre una cognición válida  y una cognición no válida en función del poder de influencia de las emociones?

La relación con el budismo de estos descubrimientos de Ekman tiene que ver sobre todo con la descripción y gestión de las emociones dañinas o destructivas, que nos dañan y dañan a los demás. Para el budismo las emociones positivas tienen su origen en el amor, las destructivas tienen su origen en el miedo. Para dotar de consciencia y gestionar las emociones hay que seguir tres pasos:

1.Reconocer la emoción

2.Aceptar la emoción

3.Soltar la emoción

Paul Ekman, con el apoyo y colaboración del Dalai Lama publicó en 2016 el Atlas de las Emociones. Esta herramienta interactiva pretende aportar a cualquiera que lo desee un mayor conocimiento acerca de las emociones humanas y cómo respondemos ante ellas, para de ese modo poder gestionarlas mejor.

Ekman y el Dalai Lama, la psicología occidental y el budismo confluyen en conocer el poder de las emociones en nuestra vida, y en la importancia de ser conscientes de ello. Dotar de  esa “consciencia” a las emociones es la clave para nuestra felicidad o infelicidad.

NEUROCIENCIA: OBSERVAR Y MEDIR LA PERCEPCIÓN Y LA CONCIENCIA

 

En 1983, el Dalai Lama conoció a Francisco Varela, biólogo, filósofo y neurocientífico , quien durante toda su vida de investigación sobre la mente y el conocimiento puso la conciencia en el centro, y fue el creador del término “enacción”: la acción connota el producir por medio de una manipulación concreta. Con ello Varela se refería a que  “El mundo no es algo que nos haya sido entregado: es algo que emerge a partir de cómo nos movemos, tocamos, respiramos y comemos.»

Varela y el Dalai Lama se hicieron grandes amigos y fueron los promotores de los encuentros Mind & Life, espacios de diálogo entre ciencia y budismo.

En su libro, The Embodied Mind, Varela fue pionero en establecer las conexiones entre las prácticas budistas y la ciencia, con términos como la cognición corporizada: la mente utiliza el cuerpo para dar sentido a todo aquello que parece abstracto.

Los experimentos y la investigación de Varela sobre la percepción y la cognición pusieron de manifiesto que “el cerebro se deshace a sí mismo activamente”, es decir, crea espacios donde la transición de un momento de percepción al siguiente está realmente marcada. Tenemos, por tanto, un momento de reconocimiento, y después la acción. Este proceso es continuo, pero claramente diferenciado.

Rodriguez, E., George, N., Lachaux, JP. et al. Perception’s shadow: long-distance synchronization of human brain activity . Nature 397, 430–433 (1999). https://doi.org/10.1038/17120

Estas conclusiones coinciden con el planteamiento de la psicología budista que expresa que en el primer instante, la percepción es puramente visual, no conceptual. Y en el segundo instante, independientemente de la duración del momento, es la mente conceptual quien da sentido y comprende lo percibido.

Varela quiso reproducir estos experimentos con meditadores “entrenados” para comprobar qué ocurría en el cerebro de estas personas.

Junto con Richard Davidson y otros investigadores iniciaron un experimento al que invitaron como participante y asesor en el diseño del mismo a Ricard Matthieu, monje budista que anteriormente había sido científico. 

Este método de experimentación “en primera persona”, supuso una diferencia radical con la experimentación clásica, ya que dotaba al estudio de un sentido de experiencia corpórea, personal y situada, al ser los participantes capaces de ser conscientes de lo que ocurría en sus mentes.

Fue la incorporación a la experimentación científica del estudio de la conciencia.

Los resultados del experimento con Matthieu revelaron que las ondas cerebrales “gamma” (que son las ondas de mayor frecuencia y menor amplitud que genera nuestra actividad cerebral) en personas “no meditadoras” son muy breves, menos de un segundo de duración. Pero en meditadores practicantes, estas ondas son de mayor duración. Estas ondas están asociadas a los procesos de atención y memoria, y se sabe que se interrumpen en las personas con Alzheimer.

El trabajo de Francisco Varela y su estrecha relación con el budismo y con el Dalai Lama provocó una serie de encuentros posteriores y conferencias y congresos (Investigating the Mind, MIT, 2003; Annual Meeting Society of Neuroscience, 2005; conferencia en el National Institute of Health en 2014…)

Richard Davidson es profesor de psicología y psiquiatría en la Universidad de Wisconsin-Madison , y fundador y presidente del Center for Healthy Minds.

Durante años se dedicó a estudiar la depresión, el estrés, la ansiedad…, usando los más avanzados medios de investigación y técnicas de neuroimagen.

El Dalai Lama , en uno de sus encuentros le planteó un desafío: “¿Por qué no usas esas mismas técnicas para estudiar la bondad y la compasión?” Davidson aceptó el desafío de su santidad y comenzó sus investigaciones sobre estas emociones: ¿Cuáles son los antídotos para las emociones destructivas en términos neurocientíficos? ¿Tiene la meditación efectos a largo plazo en el cerebro , en las zonas que intervienen en la gestión emocional?

La investigación que llevó a cabo en 2003 junto al doctor en biología Jon Kabat-Zin (fundador del MBSR, Mindfulness Based Stress Reduction), tenía como finalidad explorar hasta donde los factores de actividad cerebral que influyen en la activación emocional negativa podían ser cambiados en una persona sin influencias “místicas” ni religiosas, a través de la meditación o la atención plena, conocida como “mindfulness”, y si además, tenían efectos sobre el sistema inmune.

Tras un año de entrenamiento en técnicas de meditación y atención plena, los participantes fueron vacunados con la vacuna de la gripe, y se encontró que el grupo de “meditadores” mostraba una respuesta más fuerte de su sistema inmune a la vacuna, en comparación con el grupo control. 

Davidson, R. J., Kabat-Zinn, J., Schumacher, J., Rosenkranz, M. A., Muller, D., Santorelli, S. F., Urbanowski, F., Harrington, A., Bonus, K., & Sheridan, J. F. (2003). Alterations in brain and immune function produced by mindfulness meditation.

Los avances tecnológicos permiten ya observar a tiempo real el tejido cerebral humano y conocer aspectos de su desarrollo desconocidos hasta ahora.

 

BIOLOGÍA MOLECULAR Y GENÉTICA: LA PLASTICIDAD DE LOS GENES

 

Michael Meaney es es profesor en la Universidad McGill, especializado en psiquiatría biológica, neurología y neurocirugía, y ha estudiado durante años la influencia de la actividad parental en la expresión genética de la respuesta al estrés de los hijos, y cómo puede persistir potencialmente durante toda la vida.

Esta influencia supone un cierto tipo de plasticidad, que no afecta a las neuronas, sino al entorno químico-orgánico donde se desenvuelven y expresan los genes: la epigenética.

Las investigaciones sobre las experiencias tempranas en la familia y el desarrollo de enfermedades en la edad adulta, y también la influencia del “estrés por pobreza” en el desarrollo de patologías adultas, es una de las cuestiones que más interesó al Dalai Lama de las investigaciones de Meaney.

Si una mala condición emocional o física durante la infancia produce cambios a nivel cerebral y genético, la parte positiva es que se pueden realizar también cambios a la inversa: la terapia cognitiva-conductual, o la filosofía budista persiguen cambios en el modo de pensamiento, y esos cambios, a su vez, pueden modificar los genes. Esa es la gran esperanza que cada vez más avala la ciencia: la increíble plasticidad de nuestro organismo.

Desde el año 2001 en los programas de estudio de los monjes budistas se incorporó la ciencia como una materia más de las enseñanzas de los monjes. Su finalidad es implementar conocimiento desde la ciencia y la filosofía budistas a la ciencia occidental, para de este modo crear nuevas formas de conocimiento en beneficio de la humanidad.

Un claro ejemplo de cómo filosofías milenarias son capaces de integrarse con la más avanzada ciencia y tecnología con un único fin: dotarlas de pensamiento, consciencia y corazón. 

 

 

¿CÓMO DECIDIMOS? 5 IDEAS PARA MEJORAR TUS DECISIONES

 

Estamos siempre evaluando y tomando decisiones, de forma consciente o inconsciente.

Saber cómo funciona nuestro cerebro en este proceso es más relevante y útil para nuestra vida que aprenderse la tabla periódica de los elementos, por ejemplo.

Los gobiernos, los bancos, las empresas, las redes sociales…, saben muy bien cómo pensamos y cómo decidimos. Entonces:

¿Por qué no lo incluimos en la Educación? 

Saber cómo funciona nuestra mente  y cómo aprendemos debería ser parte del curriculum.

EL OJO QUE NOS HIZO HUMANOS

Una pareja de adolescentes están sentados en el vagón del metro. Cogidos de la mano, ella reclina la cabeza sobre el hombro del chico.

En un parque un niño está en el suelo, al lado de un banco donde están sentados sus padres. Está totalmente concentrado montando y desmontando un juguete que tiene entre sus pequeñas manitas. Cada vez que consigue ensamblar correctamente las piezas su cara se ilumina de felicidad por el logro. 

En el centro de salud, un paciente detalla con precisión a su médica qué es lo que no va bien y lo que le preocupa de su salud. La médica recoge con atención todos los datos para poder emitir un diagnóstico.

En un colegio, un profesor está explicando a sus alumnos el contenido previsto para ese día. Todos están en silencio mientras él continúa con la clase. Pregunta si hay alguna duda, pero nadie parece tenerla. 

Son situaciones cotidianas. Si se las hubiera descrito así a mi abuela, seguro que las hubiera imaginado sin problema. Pero lo que ella no hubiera colocado en la escena es que la pareja de adolescentes no se estaban mirando a los ojos con ternura, estaban mirando la pantalla de su teléfono móvil. Los padres no estaban mirando los logros de su hijo mientras jugaba, y sonriéndole con alegría, estaban mirando la pantalla de su móvil. La médica no estaba mirando a su paciente mientras escuchaba sus síntomas, estaba mirando la pantalla de su ordenador. El profesor y los alumnos no estaban en el mismo espacio, estaban cada uno en su casa, conectados a través de videoconferencia, y mirando cada uno la pantalla de su ordenador.

¿Qué información nos aporta la comunicación no verbal?

La mirada forma parte de la comunicación no verbal, que es uno de los códigos más antiguos de la evolución humana, anterior a la comunicación lingüística. Mucho antes que la voz, la comunicación no verbal permitió a nuestros antepasados coordinarse y cooperar con sus congéneres para sobrevivir.

Compartimos con los primates la capacidad gestual, que constituye el origen del lenguaje simbólico humano, y su misión en la regulación de la conducta social (apareamiento, búsqueda de alimento, cuidado de las crías, relaciones de sumisión y poder…) 

La comunicación no verbal sigue teniendo un papel básico, ya que nos aporta una información que muchas veces relegamos a un segundo plano, puesto que no somos conscientes de que la estamos procesando, pero que confirma o rechaza la información verbal a la que acompaña.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando miramos a los demás a los ojos?

El contacto visual directo, la mirada, es una de las señales no verbales más frecuentes y poderosas en los humanos, y se utiliza en contextos de intimidad, intimidación e influencia y estatus social.

La evolución se encargó de dotar al Homo Sapiens de una esclerótica que es considerablemente mayor en comparación con el resto de animales, y su finalidad es la de  poder detectar con exactitud la dirección de la mirada de los demás. Este hecho es considerado como relevante por algunos investigadores en el desarrollo de las habilidades sociales de nuestros antepasados, ya que les permitió comunicarse mejor y actuar en grupo para cazar y defenderse de los depredadores.

studio portrait of human and dog eyes

Por tanto, el blanco de nuestros ojos nos permitió evolucionar como especie respecto a otras gracias a la cooperación del grupo, pero también convirtió a nuestros ojos en una ventana abierta a nuestro mundo interior, a nuestras emociones más básicas.

«La cara es el espejo del alma, y los ojos sus delatores.»

Cicerón

Cuando miramos a alguien a los ojos se produce la conexión entre dos sistemas nerviosos que han evolucionado durante millones de años para favorecer una comunicación social o íntima, palpable y de utilidad.

La mirada está enmarcada en el rostro, que es la primera fuente de información social que percibimos cuando nacemos. Los bebés, a pesar de su baja agudeza visual son capaces de diferenciar entre rostros conocidos y extraños, e incluso identificar emociones en las caras humanas. 

El primer sistema mamífero de apego fue el olfato, pero en los humanos la vinculación se establece fundamentalmente a través del canal auditivo y visual.

Cuando no hay contacto ocular o auditivo la vinculación se vuelve difícil.

Los niños que nacen ciegos , por ejemplo, manifiestan muchos de los síntomas de los niños autistas. En ambos casos, aunque reciban los cuidados amorosos necesarios, son incapaces de establecer conexiones emocionales plenas con los demás.

Los estudios con técnicas de neuroimagen revelan que la zona del giro cingulado anterior se activa cuando se mira la fotografía del rostro de una persona amada o cuando una madre escucha el llanto de su hijo. La actividad de esta zona del neocórtex es máxima en los individuos que también puntúan más alto en los tests de conciencia social, y además esta zona tiene una de las inervaciones dopaminérgicas más abundantes de todas las áreas corticales, de ahí el “chute” de motivación que nos aporta la conexión emocional con los demás, facilitada por la conexión visual y auditiva.

Las personas sacamos conclusiones acerca de los estados de ánimo y de las intenciones de los demás, y los ojos, y particularmente las pupilas, son especialmente importantes para evaluar todos estos aspectos. Un estudio de la Universidad de Leiden dio como resultado que durante el contacto visual entre dos personas, estas tienden a reflejar el tamaño de la pupila de la persona con la que están conversando. Este mecanismo, que compartimos con los simios, y que somos capaces de realizar desde los primeros meses de vida, indica el grado de confianza con la persona con la que se está hablando y es un indicador de la empatía.

¿Qué ocurre cuando nos comunicamos a través de las pantallas de los dispositivos?

Los expertos en comunicación han escrito mucho sobre qué factores hacen que la comunicación sea efectiva, sobre todo en entornos de comunicación empresarial y ventas. También en situaciones sociales y personales se ha escrito mucho sobre cómo comunicarse mejor con los demás.

El éxito o fracaso de nuestras intervenciones comunicativas depende en gran medida de cómo gestionamos el contacto visual con el interlocutor. Cuando se está manteniendo una conversación, lo más importante es mirar a los ojos de la otra persona, por lo menos, el 75% del tiempo mientras se escucha y el 90% mientras se habla, pues, si no se mira a los ojos de la persona con la que se está hablando, podemos dar la sensación de falta de interés en nuestra conversación.

Pero, ¿ qué pasa cuando nos comunicamos a través de una pantalla? Detrás de los dispositivos hay seres humanos, y el contacto visual sigue siendo una herramienta esencial para la comunicación. La mirada expresa matices que el lenguaje no puede, y facilita la empatía y la conexión emocional con los demás. Una mirada franca, una sonrisa y una actitud corporal de escucha invita a la conversación y da confianza al interlocutor.

El contacto visual está disminuyendo tanto en el entorno laboral como social, y está teniendo un efecto negativo en nuestro sentido de la capacidad de conexión emocional para influir o impresionar a los demás.

Según un estudio de Quantified Communications, una empresa americana especializada en comunicación, los adultos, hacemos contacto visual entre el 30 y el 60% del tiempo, cuando lo normal para crear una buena conexión emocional sería de 60-70%.

La misma expresa señala que la clave para una comunicación virtual exitosa es aprender a mantener a las personas involucradas en una situación en la que las distracciones son abundantes y la capacidad de atención es más corta que nunca. Y uno de los mayores desafíos es simular el contacto visual con audiencias virtuales.

Revisar el teléfono continuamente, realizar multitareas con los dispositivos en reuniones, atender a otros asuntos durante las videollamadas…, han generado la costumbre de interactuar con los demás con poco o ningún contacto visual.

Un estudio realizado ya hace 8 años en Reino Unido, analizó el tiempo que dedicaban los jóvenes británicos a las pantallas y a sus parejas, ganando las pantallas en su cuota de atención con 22 minutos más al día de media. 

Los docentes de la etapa de Educación Infantil expresan que cada vez los niños llegan menos estimulados a nivel de interacción social y de lenguaje, sobre todo aquellos que provienen de entornos menos favorecidos, y que incluso algunos piden expresamente “ver la tele” o el móvil en vez de jugar o interactuar con los demás niños. 

La pandemia ha incrementado las clases virtuales, donde los alumnos tienen que hacer un  gran esfuerzo en mantener su atención, y el docente tiene que hacer un esfuerzo extraordinario en mantener el contacto emocional a distancia con sus alumnos.

No hay nada que transmita más a otra persona que nos importa que mirarla a los ojos mientras nos habla. Esa atención plena, según Daniel Goleman, es una forma de amor. Goleman en su libro “Focus” habla acerca de cómo cultivar la atención en los tiempos que vivimos es una herramienta para lograr la excelencia, y la conexión con nosotros mismos y con los demás.

En una era de distracciones permanentes, donde los medios de comunicación digital son cada vez más rápidos, más numerosos, más potentes, y nos permiten llegar a lugares y en momentos en los que no hubiéramos imaginado hace unos años, no deberíamos olvidar que al final, lo que nos conecta con los demás, lo que nos ha convertido en los humanos que somos es simplemente mirarles a los ojos.